viernes, 23 de octubre de 2020

18-10-2020 Zona Niskalo

 

La mañana es fresca, por no decir fría, a primera hora pero con la seguridad de que irá mejorando poco a poco hasta quedarse en un día muy agradable para mediados de Octubre. De momento se pueden seguir pisando terrenos secos aunque las lluvias de otoño vuelven a avisar de su llegada para la próxima semana. Las medidas de seguridad todavía nos permiten salir a pedalear así que puntuales a la cita nos juntamos media docena de ciclistas para pasar la mañana disfrutando de la bici. Se propone hacer el recorrido del Niskalo y no hay que darle más vueltas, enseguida nos ponemos en marcha y ya iremos decidiendo sobre el terreno si hacemos la corta, la larga o una mezcla.

El paso por el carril bici hasta la Güera es lo más parecido a meterse en una nevera de dos kilómetros. Ya sabemos que en este tramo la sensación térmica es mucho peor de la que nos encontraremos a continuación así que solo queda resignarse y pasarlo lo antes posible para ir entrando en calor.

A continuación kilómetros de pista de rodaje hasta Alcubilla y tras cruzar por encima de la autovía una zona de viñedos nos da el aviso para comernos el primer plato. Subida dura por terreno inestable seguido de una zona de serpenteo rápido hasta llegar a la Atalaya de Quintanilla. Un momento de espera hasta que llegan los rezagados a los que ya se empezaba a dar por perdidos pero el retraso no ha sido por falta de fuerzas sino por un problema con una cadena. (Bueno, la verdad que ha sido poco tiempo de espera, solo era por exagerar un poco)

Bajada, con algún tobogán, hasta Quintanilla y el segundo plato a la mesa. La subida a “las chorreras”, con el terreno en buen estado y reparada alguna zona conflictiva, seguida de zona de subidas y bajadas por los montes de Osma con varios pasos sobre terrenos arenosos que algunas bicis parece que pasan flotando mientras otras se retuercen y cambian de dirección por iniciativa propia.

Un descenso de un kilómetro y medio antes de engullir el postre de esta primera mitad, la más dura, de la ruta. Subida a la torreta del “santo” con sus toboganes y sus subidas por terreno suelto que algunas bicis pasan sin problemas mientras otras derrapan y revuelven las piedras sin apenas avanzar. Tiempo de plátano, geles, barritas,… y una clase express sobre la importancia de la presión correcta en las ruedas.

En los siguientes kilómetros el terreno es más suave, llaneando y bajando en su mayor parte hasta llegar al punto de separar las rutas corta y larga del Niskalo. La mayoría prefiere continuar por la ruta larga pero el permiso de salida tiene límite para algunos y las cuentas no salen así que se decide hacer una variación. Vamos hasta la Casona de Valdeosma y llegamos al punto de los cuatro caminos en el que la ruta larga tomaría el de la izquierda y, en esta ocasión, continuamos rectos, en sentido contrario al Niskalo, para descender por “la sorpresa”.  Cuando bajas estas cuestas es cuando realmente aprecias la dimensión de lo que se sube otros días.

“La sorpresa” nos deja en la pista de “las hermanitas”, seguimos hasta Sotos y cogemos la senda del Ucero donde nos ponemos en fila de a uno y ganamos unos minutillos al reloj. Ponemos fin a la ruta a una hora muy razonable y ya cada uno tiene la opción de alargarla lo que pueda o quiera pero sin moverse mucho.   

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miércoles, 30 de septiembre de 2020

27/09/2020 ¡Vaya vallas!

 

El verano ha llegado a su fin y la nueva estación hace que vayamos volviendo a la rutina de las salidas de los domingos. La gente ya vuelve a asentarse después de las vacaciones y, con el frío, apetece más el abrigo del monte que la intemperie de la carretera. Las diez de la mañana es buena hora para comenzar la ruta de hoy en que la mañana es fresquita.

Partimos camino hacia Valdenarros y nos desayunamos los únicos kilómetros llanos que veremos durante la mañana. A partir de aquí, una vez que cruzamos la carretera, se acaba la tregua y toca subir y bajar continuamente.

La primera cuesta , de unos tres kilómetros, hace que nos separemos y no precisamente por guardar la distancia de seguridad recomendada sino porque cada uno tiene que amoldarse a sus fuerzas. Antes de coronar este tramo hay un par de repechos finales realmente empinados que nos suben las pulsaciones al máximo. Después de esto giro a la derecha y rápida parada para abrir y cerrar la primera valla de la etapa. Descenso por terreno de vacas que nos observan sin inmutarse y al terminar la bajada la puerta de salida, nueva parada para abrir y cerrar.

Inmediatamente después, la historia se repite, y subimos y bajamos por zona de pasto de vacas con sus correspondientes vallas de seguridad y, por si fuera poco, hay una tercera vez con el mismo guión. ¡Vaya, vaya, aquí si hay vallas!

Llegamos a zona de obras de la nueva autovía y… sorpresa,  aquí también hay vallas. En esta ocasión ya lo sabíamos y pasamos después de retirarla, no como la última vez en la que no dio tiempo ni a verla y se abrió a la fuerza con un golpe certero de bicicleta con el consiguiente vuelo del ciclista y de la bici.

Llegamos a Torralba y hacemos la parada del día antes de continuar con los kilómetros más pesados de la ruta, no tanto por el desnivel sino porque el terreno está irregular y completamente cubierto de largas hierbas que hacen que no sepamos bien si por donde va a pasar la rueda podemos encontrarnos alguna sorpresa desagradable. Por fin volvemos a ver camino y bajamos con prudencia, unos más que otros, una cuesta rota y peligrosa antes de la última subida larga del día.

Desde aquí ya solo queda bajar, con alguna pequeña cuesta de por medio, hasta llegar a Barcebalejo. Ya vamos saboreando la cerveza pero ninguno se niega a rematar la jornada con la subida del “caño” antes de rehidratarnos.

 



 

miércoles, 22 de julio de 2020

12-07-2020 Valderrueda-Costalago


Volvemos a madrugar un poco más de lo habitual para montar las bicis en la “furgo”  y desplazarnos hasta Ucero. Primeros kilómetros de Cañón, con terreno húmedo por la tormenta caída durante la noche. A los cinco kilómetros cogemos el camino de la derecha para seguir por el Cañón de Valderrueda en dirección a Casarejos. Bonito camino ascendente por zona sombría y húmeda. Se nota que este año se ha recorrido poco la zona y por algunas partes las hierbas no dejan ver por donde pisa la rueda y hay que imaginarse la senda.

Al llegar a Casarejos buena pista para subir durante un kilómetro y bajada cómoda para presentarnos en San Leonardo casi sin enterarnos (bueno, nos enteramos de ese cable que roza en la rueda y nos pone nerviosos con el soniquete pero por lo demás muy buena bajada).

Superado el problema con el cable, llenamos los botes en la fuente (rica agua) y llega el problema con la horquilla y el tornillo flojo. Menos mal que hay conductores que van preparados y nos ofrecen la herramienta necesaria y, por si no es la ideal, esa cinta americana que nunca falla.

Otro imprevisto vencido así que nos ponemos en marcha dirección a Hontoria del Pinar. Terreno irregular y cansino que nos tomamos con calma sabedores de lo que nos espera en unos minutos.  Al pasar Hontoria nos toca comernos el plato principal del día. Esa bajada tan espectacular de la ruta de Costalago hoy la vamos a hacer de subida, bufff…, menos mal que la temperatura acompaña bastante. Al comenzar la ascensión se nos presenta una tormenta que soportamos refugiados bajo un árbol y pasados unos minutos subimos los dos repechos que tanto nos gustaron y ayudaron a recuperar hace quince días.





Una de las principales normas de las salidas domingueras dice que “arriba se espera” y sobre todo si no sabes por donde hay que ir pero en esta ocasión no se cumple y se toma el camino incorrecto. Gracias a los benditos móviles el error no va a mayores y nos reagrupamos, pero el fallo se salda con un pinchazo y una nueva parada para repararlo. Atravesamos unos metros monte a través para reincorporarnos al trazado previsto y llegamos al mirador de Costalago para comer un poco.

Seguimos por la cresta por caminos nuevos y de subidas y bajadas continuas hasta que el último descenso, bastante roto y peligroso, nos deja junto al “Puente de los siete ojos”. Desde aquí, de nuevo zona de Cañón. Muchos más paseantes que el último día que estuvimos y demasiados pasos de un lado a otro del río sobre las piedras resbaladizas. Pasamos junto a la Ermita esta vez sin detenernos, que últimamente la vemos mucho,  y vamos a toda mecha a disfrutar de un trago en el bar del Cañón.




¡Qué bien se está en la terracita relajado! Casi tanto como sobre el sillín de la bici... o mejor.



lunes, 29 de junio de 2020

21-06-2020 Costalago´20


La ruta de hoy, con la subida a Costalago y el recorrido del Cañón del Rio Lobos desde Hontoria del Pinar hasta Ucero, es otra de las típicas del club que realizamos cada año a finales de junio o principios de julio y a la que siempre se apunta un número importante de componentes.

Madrugamos un poco más de lo habitual para tener margen por si se produce algún incidente durante la ruta pero una confusión en el horario y un pequeño contratiempo automovilístico hacen que comencemos a rodar algo más tarde de lo previsto.

Los primeros kilómetros son por asfalto, terreno rompepiernas con mucho tobogán y en el que, como siempre, unos intentan avivar el ritmo mientras otros se lo toman de manera más calmada reservando para lo que está por venir. Paso por Nafría y Santa María de las Hoyas antes de abandonar la carretera y comenzar a pedalear por caminos y pistas en dirección a la subida a Costalago. Al llegar a la gran pradera que da inicio a la ascensión el grupo está roto y por delante tenemos casi cuatro kilómetros de duras rampas realizadas en dos tramos. El primero hasta el mirador donde nos damos un respiro y nos reagrupamos y el segundo hasta subir a Cabeza del Aro para inmediatamente después comenzar el descenso vertiginoso que nos lleva a Hontoria del Pinar y donde aprovechamos para llenar los botes y comer algo.



Hasta aquí la parte de la ruta más parecida a lo habitual por asfalto, caminos y pistas en buen estado. Desde este punto nos metemos de lleno a recorrer el Cañón y transitar por terreno muy distinto al acostumbrado y muy duro para las bicicletas, caminos estrechos, mucha piedra afilada, árboles que en ocasiones dejan pasar muy justo el manillar y unas cuantas partes en las que hay que poner pie a tierra para cruzar el río o pasar por zonas no ciclables. Terreno que a algunos les encanta y a otros se les hace muy pesado física y psicológicamente.


Llegar a la Ermita sin que se haya producido ninguna caída ni pinchazo nos llena de alegría, y satisfacción, porque desde aquí el recorrido es mucho más tranquilo y de sobra conocido por todos. Los últimos kilómetros hasta llegar al punto final son propicios para bajar piñones y comprobar las fuerzas que todavía nos quedan.



Antes de volver reservamos unos minutos para sentarnos en las mesas junto al río y sacar los bidones “mágicos” de bebida y algo de aperitivo mientras comentamos la jornada. Algunos de los que hacían el Cañón por primera vez llegan con la idea de no volver pero seguro que con el paso de los días van cambiando de opinión porque esta ruta engancha y una vez al año no hace daño (si no te caes, claro).



viernes, 19 de junio de 2020

14-06-2020 La gata y el gato


Dudas a primera hora sobre el vestuario a elegir para la ruta de hoy. Unos prefieren pasar algo de frío en los primeros kilómetros y otros optan por llevar algo más de ropa aún sabiendo que muy probablemente les sobre cuando la temperatura ambiental suba unos grados y el esfuerzo caliente los cuerpos.

Los primeros kilómetros por la pista de “las hermanitas” son agradables y tranquilos, bueno, lo justo para poder rodar y hablar algo al mismo tiempo. Al llegar al cruce de Valdelubiel empezamos la primera subida. Como lo prometido es deuda, en esta primera ascensión hay que hacer mención especial al “Secre” que desde el primer metro se pone en cabeza adelantándose unos metros a los demás y no cede la posición hasta que cambiamos de camino y unos ruidos desconocidos le obligan a parar por precaución.

Seguimos por “la loma” los siguientes  kilómetros y al llegar al cruce de las “torres gemelas” los primeros deciden saltárselas y coger el camino de la derecha ante la desaprobación de los de atrás que estaban deseando verlas, otro día será, hoy mejor un tramo más tranquilo y sin cuestones que nos puedan descabalgar, ¡que estamos en pretemporada!

Llegamos a Nafría de Ucero y hacemos una breve parada para repostar agua. Le hacemos el examen a la decoración del pilón que ha quedado elegante y seguimos la ruta para acometer la segunda ascensión del día y ganarnos el plátano. Bonita cuesta, todos en silencio y con ganas de ver el final.



Un pequeño descanso y seguimos con un gran descenso que en los primeros metros se nos corta porque alguien se ha merendado el camino dejando un bonito campo de terrones que nos hacen tener algún amago de salir por delante del manillar, así que mejor pasarlo a pie. Doscientos metros de suplicio antes de volver a montar para, ahora sí, bajar hasta la Ermita del Cañón (descenso bautizado hace algunos años como el de “la gata”). ¡Qué bajada, siempre nos viene algún recuerdo a la cabeza!



Unas fotos para la “nube” y dirección a la subida al mirador de las Gullurías, tercer ascenso largo del día y el más duro. Mejor no animarse mucho al principio que el desnivel se las trae y luego se paga. La verdad que cuando se baja esta cuesta parece muy difícil de subir, pero luego no es de las imposibles, ni mucho menos.
Otro descenso meteórico por la cuesta del “gato” para llegar a Ucero y cogemos la pista de vuelta a casa. En Sotos alguno quiere subir por la “sorpresa” del Niskalo, ¡venga ya!, menos mal que de esta también nos libramos y vamos directos a Valdelubiel. Desde aquí  nos metemos por la ¿senda? que lleva a Barcebalejo y que hay que inventársela debido al tamaño de las hierbas y… como no hay dos sin tres un regate inesperado también nos libra de la subida al caño. ¡Vaya ganas que había hoy!


De lo que no nos libramos es de sentarnos en la terracita a tomar algo antes de acabar la jornada.



miércoles, 3 de junio de 2020

31-05-2020 Ruta corta del Nískalo

Parece que fue ayer nuestra VII Ruta del Nískalo y ya ha llegado la fecha decidida para afrontar la VIII edición. Lamentablemente este año ha venido revuelto y muy complicado por lo que nos vimos obligados a suspenderla. Hoy en El Burgo debería ser un día grande con las calles alborotadas, adornadas de bicicletas y gente, los caminos tendrían que estar señalizados para la ruta, los voluntarios preparados para hacer su labor y el Centro Polivalente lleno de mesas y sillas y con los cocineros y ayudantes currando con alegría y responsabilidad pero, sin embargo, a primeras horas, las calles están en silencio y apenas se ve algún paseante. Al menos nos queda el consuelo de que las medidas de confinamiento se han ido suavizando y podemos quedar un grupo de componentes del club para realizar la ruta tranquilamente y respetando las medidas de seguridad.

La mañana está perfecta para salir con la bici y estamos con ganas de rodar. Hoy se va a demostrar a quienes les ha hecho más “pupa” el encierro. Tras los saludos iniciales después de tantas semanas sin citas domingueras partimos rumbo a Alcubilla. Los primeros kilómetros en los que el terreno es más suave algunos ya van demostrando que siguen en plena forma y se ponen a tirar del grupo. Ritmo alegre hasta que después de cruzar por el puente de la autovía el terreno cambia y la subida nos hace sudar y dejar las bromas para otro momento más propicio.



Tras un reagrupamiento en la cima y a la vez que la mayoría se dirige a la Atalaya de Quintanilla, una pequeña avanzadilla (pequeña, pequeña, solo dos) toma otro camino para llegar a la torreta de “el santo” y preparar el avituallamiento para todos. El terreno hacia la Atalaya está perfecto, la tierra arcillosa que nos ha fastidiado en otras ocasiones hoy está seca y se rueda perfectamente. Paso express por la torre y bajada a Quintanilla. Ahora toca la cuesta de “las chorreras”, esta también es exigente aunque la zona que peor estaba ha sido reparada y no hay ningún trozo peligroso.

Bajada por el monte de Osma y el último ascenso "durillo" de la jornada para llegar a la torreta con todas las ganas de descansar y avituallarse. Como siempre, lo que nos encontramos supera las expectativas. Detalles que hacen la jornada más agradable si cabe, pero que nos es imposible terminar (nos ha faltado algo de ayuda en este menester), así que alguno sugiere montar un nuevo piskolabis a la altura de Valdelubiel. Perfecto, ya tenemos otra motivación más que llevarnos a la cabeza si vienen los momentos duros.

Reanudamos la ruta por terreno más tranquilo, kilómetros sin apenas subidas y con bajadas divertidas. Al llegar al cruce donde deberían separarse las rutas corta y larga una zona de barro y roderas hace algún estrago y separa un poco al grupo que no vuelve a juntarse hasta el segundo avituallamiento.  Seguimos dando buena cuenta de ese buen embutido y esa fruta y seguimos metiendo mano en esos bidones que por más bebida fresca que sacamos no se vacían.



Las dos bicicletas recostadas al sol nos llaman al orden. La primera empieza a perder aire aunque por suerte el liquido sella el pinchazo y puede seguir en la ruta, la segunda con un radio roto preferimos meterla en el coche escoba que nos viene de lujo y no arriesgar a empeorar la avería.

Kilómetros finales de llaneo por la senda del Ucero y las nubes negras que se van acercando con ganas de descargar. A los pocos minutos de acabar la ruta llega la tormenta, no nos ha pillado por los pelos. Era raro que en una fecha tan señalada como esta no lloviera porque ya lo dice el refrán: “Haga frio o salga el Sol, el día del Nískalo… chaparrón”.

¡Ya necesitábamos volver a vivir estos momentos! 

Más fotos aquí



lunes, 13 de abril de 2020

VIII Marcha del Nískalo, suspendida

Lamentándolo mucho, la alerta sanitaria decretada en nuestro país como consecuencia del coronavirus, nos ha obligado a suspender la VIII Marcha del Nískalo, prevista para el 31 de mayo de 2020.


jueves, 12 de marzo de 2020

08-03-2020 Nuevos Caminos

La semana ha sido mala climatológicamente hablando, con frío, lluvia, algún copo de nieve y sobre todo mucho viento. Pero ya no queda nada de esto, si acaso algo de aire que apenas molesta  y el día se presenta favorable para dar una vuelta. En la Plaza como cada domingo la típica pregunta, “¿a dónde vamos hoy?” seguida de la típica respuesta, “donde queráis” y, como siempre, la solución más acertada es dejar el tema en manos de los “profesionales” en el asunto de elegir ruta y que siempre aciertan.

Primeros kilómetros hacia Valdenarros, ¡Qué bien se rueda ahora por esta pista!, que diferencia con los barrizales que tuvimos que sufrir por esta zona en las primeras ediciones de nuestra “Ruta del Niskalo” . Justo antes de llegar al pueblo nos desviamos hacia la izquierda para cruzar la N122 e iniciar una subida desconocida, ¡Que tendrán las cuestas que algunos cuando las ven tienen la necesidad de intentar subirlas con la bici!, la verdad que esta nos gusta a todos, es larga y durilla pero el terreno es perfecto y todavía nos pilla con ganas.

Continuamos unos kilómetros por el cortafuegos y tomamos un desvío a la derecha dirección Torralba. Zona más “divertida” con algo de barrillo, árboles caídos, agua, ramas, … en fin, un poco de todo. Terminada la bajada volvemos a subir por otro “camino” desconocido para llegar otra vez al cortafuegos, terreno parecido al que hemos bajado pero hacia arriba, subimos de uno en uno y poco a poco, que arriba se espera.




Unos minutos de tranquilidad y al final del cortafuegos paramos a tomar algo. En un momento de charla damos soluciones a algunos de los problemas del mundo y continuamos. A los pocos metros de emprender  la marcha un pequeño despiste acaba con un “hombre al agua”, un sustillo pero sin consecuencias, así que rápidamente seguimos la ruta.


Ahora toca el momento de bajar por “la veguilla”. Esta bajada siempre es desagradable y hace trabajar a las piernas, además hoy tiene bastante agua y aunque al principio intentamos esquivarla todo lo posible al final desistimos y ya nos da igual mojarnos un poco más o menos. Por fin llegamos al terreno propicio para rodar y algunos ya vamos salivando pensando en el almuerzo pero al pasar por el cruce que sube a “la galianita” uno de los que no tiene fondo hace el amago y otros entran al trapo sin pensarlo dos veces así que nos toca subir otro poco.




Pequeño debate al llegar arriba sobre por dónde volver y se decide que lo más corto es bajar por donde hemos venido así que dejamos que las bicis rueden hacia abajo y volvemos a tomar la zona de la que nos habíamos desviado antes y que nos permite agachar la cabeza y coger velocidad. Ahora sí se acelera el grupo, sacamos fuerzas de donde parece que no había para que nadie pierda rueda y con el objetivo en mente de saborear cuanto antes el piscolabis devoramos los últimos kilómetros.



miércoles, 26 de febrero de 2020

23-02-2020 Domingo de Carnaval, repetimos el disfraz

La noche de Carnaval ha sido larga para algunos pero a las diez de la mañana, ajenos a los excesos festivos, nos presentamos a la cita, en perfecto estado de revista, un buen grupo de amigos de la bicicleta. Hoy también se animan a acompañarnos dos amigos vallisoletanos, familiares de uno de los miembros del club, a los que les apetece disfrutar de los bonitos parajes que tenemos por la zona. Parece que el buen sabor de boca que nos están dejando las últimas salidas hace que cada domingo se anime algún compañero más lo cual, por supuesto, se agradece.

Empezamos la jornada tranquilos dirigiéndonos hacia Barcebalejo y desde aquí tomamos una bonita senda paralela a la carretera que nos lleva hasta Valdelubiel en fila de a uno. Al pasar por el pueblo se ensancha el camino y comenzamos a subir, ahora ya no vamos tan seguidos, cada uno se preocupa de lo suyo y bastante tiene con que la bici no se pare. Todavía refresca y aunque tenemos un fantástico cielo azul las zonas sombrías siguen blancas por las bajas temperaturas de la noche así que esto ayuda a que los cuerpos no se acaloren de sopetón con las  primeras subidas.

Una brevísima espera, para algunos, al llegar arriba y en la bajada la mitad del grupo pierde el contacto visual con la otra mitad y se produce un momento de desconcierto. ¿Por dónde han ido?¿por este camino? Parece ser que los dos nos llevan al mismo sitio así que elegimos bien, si o si. Al llegar abajo el resto del grupo está esperando para iniciar el ascenso a “Cabeza Lobera” y los primeros en subir pueden observar a varios buitres que acaban de echar a volar al verse incordiados por “los cansinos de las bicis”.

Descenso vertiginoso por la pista hasta Valdeavellano de Ucero y seguimos hacia la siguiente parada. En este tramo se sale una cadena pero, prácticamente sobre la marcha, la asistencia en ruta funciona y no hay que detener al grupo para colocarla así que rápidamente llegamos al Castillo de Ucero y aprovechamos para hacer unas fotos.



Reanudamos la marcha con la bajada hasta el pueblo, de nuevo la cadena vuelve a dar guerra  y en esta ocasión el grupo se separa ligeramente, unos esperan en Ucero y otros se dirigen al Cañón. Al final necesitamos una llamada de teléfono para aclarar las cosas.

Una vez hemos vuelto a reunir al grupo iniciamos el ascenso a la “cueva del gato”. Unos kilómetros de subida tendida que terminan con los últimos cien metros de bastante más desnivel y que siempre descabalgan a alguno. Continuamos hasta el mirador de las Gullurías, una breve parada y bajada fulgurante. En el descenso una piedra, de las muchas, raja una cubierta y toca de nuevo parar para reparar. Menos mal que siempre hay alguno con la última tecnología en reparaciones y rápidamente se resuelve el problema.





Visita obligada a la Ermita de San Bartolomé, con mucho visitante por la zona y regreso a casa. Aún nos quedan unos cuantos kilómetros hasta llegar al Burgo, pero cuando cogemos la pista ya se sabe lo que toca, intentar no perder la rueda del de delante y si es posible dar algún relevo. En este trayecto recuperamos el tiempo suficiente para llegar a una hora razonable pero hoy se nos hace tarde para la cerveza, que pena, es lo único que ha faltado.



jueves, 13 de febrero de 2020

09-02-2020 A por la lana

Hoy tiene pinta de ser un gran día, el Sol parece que no se quiere asomar pero no hace mucho frío, para estar en febrero, y no hay previsiones de lluvia. Acudimos a la cita un buen número de ciclistas lo cual hace que aumente la diversión porque la bicicleta, como tantas otras cosas, se disfruta más en compañía. Estamos avisados de que hay algunas zonas por las que mejor no ir ya que hay escopetas cargadas y no queremos riesgos así que nos dirigimos hacia la zona de la ruta de la lana, más tranquila y segura.

Nada más salir ya hay unos cuantos voluntarios para tirar del grupo, ritmo alegre pero al alcance de todos y con el pelotón agrupado, comiéndonos los primeros kilómetros sin enterarnos por caminos y carreteras en ligera bajada. Después de pasar los manzanos de La Rasa y el desvío hacia Navapalos hay un giro a la derecha que nos hace abandonar el asfalto y empieza a subir. En estos momentos se acaban las conversaciones amigables, el grupo se va separando y se escucha algún jadeo que otro.

En la bajada a Ines nos reagrupamos y sin dar tiempo para relajarse iniciamos otros tres kilómetros de ascenso en los que volver a probar las fuerzas. Tras llegar al alto los siguientes minutos son para disfrutar muy juntitos y comiéndonos algún que otro charco. Buscamos un camino que no aparece y descendemos por uno sin salida que nos toca desandar, una cadena que se queja sin ser escuchada  y a la que se pone en su sitio de un tirón y seguimos hacia Atauta con su bonita cuesta de acceso en la que se puede echar el resto ya que arriba nos espera el descanso.

Diez minutillos de parada, fotos, charleta distendida y a comer el plátano, cada uno el suyo, y mientras tanto un par de buitres sobrevolando nuestras cabezas por si hubiera algo que echarse al pico, pero de momento no.



Antes de quedarnos fríos reanudamos la marcha, pronto las piernas vuelven a despertar y desde lejos vamos divisando un camino corto pero muy “pingao” del que no nos vamos a librar. Se requiere destreza, técnica, fuerza y una pizca de suerte para subirlo sin echar pie a tierra pero lo subimos todos, bueno…., sin bajarse de la bici solo dos, los demás a patita de la mano con las bicis.



Desde aquí bajada rápida a San Esteban, con parada en el semáforo del puente que siempre lo encontramos en rojo y por la senda del rio nos acercamos al final. Nos desviamos un poco para subir un par de cuestas más comprobando a quien le quedan piernas todavía y una sugerencia de subir a la Atalaya de Uxama. Pero se queda en eso porque algunos prefieren ir ya a almorzar y en el tema del beber y el comer no podemos dejar que nadie se escape.


Más fotos aquí

¡Qué bueno está todo y como entra! ¡Vaya jornada! Tenía pinta de ser un gran día y lo ha sido. 




miércoles, 15 de enero de 2020

12-01-2020 ¡A soltar los turrones!

Mañanita de niebla,… paseo en bici, si estamos bajo cero,… paseo en bici, la climatología no nos detiene y menos recién terminadas las navidades y con los sentimientos de culpa que nos corroen a unos cuantos por  haber cometido excesos gastronómicos a diestro y siniestro durante estos días. Si no apetece salir por el frío hay que obligarse que el cuerpo lo agradecerá.

No estamos para muchas florituras ni para meternos en zonas delicadas así que hoy decidimos hacer una ruta cómoda pero intensa. Empezamos con la subida hacia el cortafuegos, zona que todavía nos pilla fríos pero que nos empieza a calentar y a medida que subimos el Sol se va dejando ver por detrás de las nubes. Al poco de comenzar a recorrer el cortafuegos desaparece la nubosidad, se nos queda un día bonito y soleado que apacigua mucho la sensación de frío.

Recorremos el cortafuegos entero hasta llegar a la entrada de la “Veguilla” por la que nos metemos para regresar. Qué alegría pensar que ahora tenemos siete kilómetros de bajada para relajarnos, pero nada más lejos de la realidad, son kilómetros de hielo, agua, roderas y grava que no dejan a las bicis correr y se hacen duros.

Veinte minutos y una caída tonta después de empezar la bajada llegamos al desvío hacia la derecha que nos llevará a zonas desconocidas. Primero nos tomamos el tentempié y luego emprendemos el camino. Terreno a gusto de los más aventureros donde los caminos se intuyen, las ramas te acarician y las cuestas obligan a aprovechar los desarrollos de las bicis. Damos un pequeño rodeo para evitar una cuesta que hasta los más técnicos tienen muchas posibilidades de salir derrotados y cuando enlazamos de nuevo con el camino terminamos de subir lo poco que nos queda hasta llegar a un vértice geodésico que nos indica que ahora toca bajar.

En este descenso sí que las bicicletas cogen más velocidad y hay que tirar de freno y tener precaución. Cruzamos la carretera antes de llegar a Valdemaluque y vamos a buscar la pista de "las hermanitas". Como es habitual unos cuantos calentones a las piernas vaciando las fuerzas que quedan y parada a repostar antes de volver a casa.