viernes, 23 de octubre de 2020

18-10-2020 Zona Niskalo

 

La mañana es fresca, por no decir fría, a primera hora pero con la seguridad de que irá mejorando poco a poco hasta quedarse en un día muy agradable para mediados de Octubre. De momento se pueden seguir pisando terrenos secos aunque las lluvias de otoño vuelven a avisar de su llegada para la próxima semana. Las medidas de seguridad todavía nos permiten salir a pedalear así que puntuales a la cita nos juntamos media docena de ciclistas para pasar la mañana disfrutando de la bici. Se propone hacer el recorrido del Niskalo y no hay que darle más vueltas, enseguida nos ponemos en marcha y ya iremos decidiendo sobre el terreno si hacemos la corta, la larga o una mezcla.

El paso por el carril bici hasta la Güera es lo más parecido a meterse en una nevera de dos kilómetros. Ya sabemos que en este tramo la sensación térmica es mucho peor de la que nos encontraremos a continuación así que solo queda resignarse y pasarlo lo antes posible para ir entrando en calor.

A continuación kilómetros de pista de rodaje hasta Alcubilla y tras cruzar por encima de la autovía una zona de viñedos nos da el aviso para comernos el primer plato. Subida dura por terreno inestable seguido de una zona de serpenteo rápido hasta llegar a la Atalaya de Quintanilla. Un momento de espera hasta que llegan los rezagados a los que ya se empezaba a dar por perdidos pero el retraso no ha sido por falta de fuerzas sino por un problema con una cadena. (Bueno, la verdad que ha sido poco tiempo de espera, solo era por exagerar un poco)

Bajada, con algún tobogán, hasta Quintanilla y el segundo plato a la mesa. La subida a “las chorreras”, con el terreno en buen estado y reparada alguna zona conflictiva, seguida de zona de subidas y bajadas por los montes de Osma con varios pasos sobre terrenos arenosos que algunas bicis parece que pasan flotando mientras otras se retuercen y cambian de dirección por iniciativa propia.

Un descenso de un kilómetro y medio antes de engullir el postre de esta primera mitad, la más dura, de la ruta. Subida a la torreta del “santo” con sus toboganes y sus subidas por terreno suelto que algunas bicis pasan sin problemas mientras otras derrapan y revuelven las piedras sin apenas avanzar. Tiempo de plátano, geles, barritas,… y una clase express sobre la importancia de la presión correcta en las ruedas.

En los siguientes kilómetros el terreno es más suave, llaneando y bajando en su mayor parte hasta llegar al punto de separar las rutas corta y larga del Niskalo. La mayoría prefiere continuar por la ruta larga pero el permiso de salida tiene límite para algunos y las cuentas no salen así que se decide hacer una variación. Vamos hasta la Casona de Valdeosma y llegamos al punto de los cuatro caminos en el que la ruta larga tomaría el de la izquierda y, en esta ocasión, continuamos rectos, en sentido contrario al Niskalo, para descender por “la sorpresa”.  Cuando bajas estas cuestas es cuando realmente aprecias la dimensión de lo que se sube otros días.

“La sorpresa” nos deja en la pista de “las hermanitas”, seguimos hasta Sotos y cogemos la senda del Ucero donde nos ponemos en fila de a uno y ganamos unos minutillos al reloj. Ponemos fin a la ruta a una hora muy razonable y ya cada uno tiene la opción de alargarla lo que pueda o quiera pero sin moverse mucho.   

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