jueves, 21 de febrero de 2019

17-02-2019 Ruta de la Lana, ...vaya tela

Domingo de Febrero, a gustito en la cama, suena el despertador y hay que levantarse. Bueno, obligación no hay pero que tendrán las salidas domingueras que hacen que se venza rápido a la pereza y nos levantemos con más alegría que el resto de los días. Diversión, risas, compañerismo, deporte,…, creo que son suficientes razones para salir. Además, hoy no es un típico día invernal, luce el Sol y aunque a primera hora refresca, las temperaturas previstas serán muy suaves. Todo esto se nota al llegar al punto de reunión y ver que hay más afluencia que de costumbre, como mola.

La “ruta por decidir” ya está decidida, vamos a hacer parte de la “Ruta de la lana”, bicicletas a rodar, pequeño parón visto y no visto por un tornillo que necesita un apretón y a los pocos kilómetros parada un poco más larga por una cámara que pierde aire.  Interrogatorio al canto, ¿es antipinchazo?, ¿cuánto hace que no le metes líquido?, y ya puestos, ¡como la llevas!, ¡a ver si la lavas!, …, buen rollito, por suerte parece que el líquido hace su función y sella el pinchazo así que arrancamos de nuevo y tomamos la carretera de Navapalos. Desvío a la derecha, unos que si por aquí otros que si por allí, lo mismo dá porque los dos van hacia arriba y tras la bajada nos dejan en Ines.

La siguiente subida, de varios kilómetros, se deja llevar pero anima a algún que otro pique y se hace larga. Una vez reagrupados nuestro siguiente destino es Atauta. En el pueblo nos gusta darlo todo en la subida sabiendo que arriba haremos la parada del almuerzo con las bonitas vistas que nos ofrece el lugar. Pero al comenzar la ascensión una cadena dice basta y se parte, así que mientras unos observan desde arriba el espectáculo a otros les toca ponerse manos a la obra para reparar la avería (cada vez son menos los que nunca han roto una cadena pero comprobamos que aún existen).


Después de comer, beber, conversar y retratarnos en el lugar, continuamos hacia San Esteban, rato malo con el aire en contra, ¿dónde estaba antes?, que poco lo apreciamos cuando va a favor. Parada en el semáforo del puente como ciclistas civilizados y subida hacia la Atalaya de Quintanilla, ¡vaya cuestas!, hay que ser muy duro para no echar pié a tierra hasta arriba en un momento u otro.


Decidimos volver por zona “Niskalo” para estar más resguardados y no sufrir con el aire pero el terreno es rompepiernas y a casi ninguno le sobran las fuerzas así que cada uno con sus pesares hasta llegar al destino. Ahora sí, buen surtido de viandas y unas birras.
Y la pregunta final es: ¿Merece la pena toda la mañana pedaleando para, en un momento, recuperarlo todo o más? Pues, con este grupo,rotundamente SI. 


miércoles, 30 de enero de 2019

Caza, viento, barro 27-1-19

Ayer sábado soleado y temperatura más que agradable, hoy domingo día de bici, más nubes que sol, frío de enero, el aire advierte que va a ser compañero de viaje, ¡igualico que ayer!. Fieles a la cita, hola guapa (saludo a la nueva maquina) siempre con ganas bici enristre se urde el plan. Hoy toca lidiar con el cortafuegos enseguida aparecen los primeros jadeos, los turrones todavía campan por el organismo, sube, baja, grava, charco, pinos............... ¡coño cazadores! un imprevisto que obliga a cambiar el plan.
Nuevo diseño y a darle al pedal, el camino de esos que gustan, abrigados del viento, estrecho y áspero con las ramas acariciando los costados, con un puntito de subida conduce al grupo hasta el momento del tentempié.


De nuevo en marcha un mano a mano contra el aire que como siempre da de cara y con algo de barro para adornar la bici por todas partes para recuperar ritmo tras la parada del almuerzo, muchos cruces después paso sobre el Abión y a la izquierda, recordando el paso por este sitio aquel día de junio, hoy menos blando pero más ventoso. Ya está chupao, algunos ya pensando en el piscolabis hasta que ¿por qué no vamos a las antenas?, cruce de miradas y aprobación de quienes van más justos así que ahora si, meter platillo, murmurar algo sobre las antenas, acelerar un poco el corazón y las antenas al saco, ya si, últimos metros de descenso sorteando los pinos y al refrigerio.